Oía ladrar a su perra fallecida: lo que ocurrió en esta sesión de terapia regresiva

 

¿Has perdido una mascota y sientes que algo no cerró del todo?

El duelo por mascota es uno de los duelos más silenciados que existen. La sociedad no siempre le da el espacio que merece. Y sin embargo, el vínculo con un animal puede ser tan profundo como cualquier otro amor.

Esta es la historia de una consultante que vino a trabajar su soledad.

Lo que ocurrió en la sesión

Al terminar la sesión me preguntó: «Susana… ¿es tu perro el que ladra? Porque lo he estado oyendo todo el rato.»

No había ningún perro.

Le pedí que cerrara los ojos. Que volviera a ese ladrido. Que dejara que se acercara.

Empezó a llorar sin poder parar.

Era su perra. Fallecida meses antes.

En ese espacio, su perra le habló. Le dijo que estuviera tranquila. Que había hecho todo lo que podía. Que ahora estaba bien. Feliz. Libre.

Esa mujer pudo hacer lo que nadie le había permitido hacer hasta ese momento: despedirse.

Lo que dice la ciencia

En 2012, veinticinco neurocientíficos firmaron en Cambridge, en presencia de Stephen Hawking, que los animales tienen conciencia. Que sienten. Que se vinculan. Que cuando un perro mira a su dueño activa los mismos circuitos del amor que el cerebro humano.

Lo que la ciencia todavía no puede medir es lo que ocurre cuando ese vínculo continúa más allá del cuerpo.

Yo lo veo sesión tras sesión.

El amor no entiende de fronteras físicas

Si has perdido una mascota y sientes que algo quedó sin cerrar, quizás hay algo que todavía quiere decirte.

La terapia regresiva es un espacio donde eso es posible.

Si sientes que es tu momento, puedo acompañarte.

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